martes, 22 de junio de 2010
Consuelo...
¿Qué Siento? es una pregunta muy constante que me hago luego de darme muchas vueltas y analizarme profundamente. Es que a veces pienso tantas cosas como por ejemplo que estar feliz es un privilegio. ¡Que cosa más absurda! jajaja si me río mucho de solo saber que se me pasó por la cabeza esa idea, pero bueno, no me juzgo, son cosas que pasan, después de todo soy imperfecto. Es graciosa esa frase, porque pensándolo bien, la mayor parte de la vida somos felices, ya sea por algunos instantes o por un vacilón con los amigos o que sé yo, me detengo a intentar a analizar lo que pensé por el hecho de ver a mucha gente pensar así, cosa graciosa. Lo diré de otra forma... Un día normal, despierto, me baño, me visto, me despido de mi mamá y salgo en la chinita con mi papá y mi hermano. Es algo de rutina, pero el cero por ciento de las veces me detengo a pensar que Dios me dio la gracia del sólo hecho de abrir los ojos y lo que es más insólito ¡Me levanté! La ducha, muchas veces le reclamo a mi papi porque el agua esta tibia y no caliente. Pero ¡hay hombre! estaba tibia al menos y no fría. Luego me despido de mi mamá (muchas veces enojado por alguna pelea matutina o de la noche anterior) pero no le tomo el peso a eso, ahora que me detengo no puedo asimilar que alguien no bese a su madre antes de salir. Luego, me subo a la chinita y reclamo que no hay calefacción, descarado de mi parte. Soy un privilegiado de irme en un transporte a clases. De verdad que no me lo creo. El punto es que la rutina a algunos nos hace 'felices' porque uno piensa y claro, está con sus amigos, la pasa bien, etc. pero también hay algunos que nos hace tristes. Creo que si comenzamos a valorar ciertos detalles que por sí no son detalles sino BENDICIONES no seríamos tan tristes. El otro objeto de esta reseña es que (volviendo a la frase) la felicidad es un privilegio para nada, mencione que es una frase absurda, porque a los ojos de todos, no lo es. Si no somos capaces de valorar el beso de tu madre o el levantarse de una noche de sueño, nada es un privilegio para nosotros. Creo que el más grande privilegio que he podido recibir de mi Dios es estar triste, porque de sólo de esa forma puedo ver quienes son buenos para algo más que tirar la talla. Pedir ayuda implica humildad, otro privilegio que Dios me da cada día, al igual que llorar (cosa que aprendí hace poquito) y también el estar feliz. Mi conclusión es que todo tipo de situaciones sean rutinarias o extraordinarias, son privilegios. Todo tipo de emociones y el cómo nos desenvolvemos frente a éstas son privilegios, y mi gran consuelo frente a todas estas emociones es Dios, nada ni nadie más.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario