sábado, 26 de junio de 2010

Hay que...

Como todos saben, la vida en general está llena de problemas y situaciones que nos hacen sentir de forma 'desagradable' Lo bueno es que en esos momentos tenemos al mejor amigo, con el cuál podemos descargarnos, quejarnos, llorar, sincerarnos, sí, ese amigo que algunos llaman Dios. Debo decir que con él como amigo, todo es mucho mejor y de verdad que los consejos que puede darme sirven. Bueno, por otro lado, nos encontramos con los amigos que todos tenemos, me refiero a el/la mejor amigo/a o un hermano, o familiar, o qué se yo. Ese amigo con el cuál uno espera contar de forma incondicional y que uno sabe lo que te puede aconsejar (por eso tenemos hartos amigos, porque así podemos 'seleccionar' el consejo que esperamos escuchar), pero muchas veces ese amigo no puede estar apoyándote, por diversos motivos. Lo bueno es que Dios siempre está ahí de la forma que esperamos (Incondicionalmente) y siempre dispuesto a darnos una palabra de aliento. Lo curioso es que lo dejamos de segundo plano, favoreciendo a nuestros amigos que nos fallan, que nos dejan, o que no disponen de tiempo cuando los necesitamos. Otro dato interesante es que cuando vamos ya sea con nuestros amigos o con Dios, vamos dispuestos a escuchar solo lo que deseamos escuchar y no lo que realmente nos podría servir, como por ejemplo, escuchar que debemos cambiar algunas áreas de nuestras vidas, escuchar que algo que hacemos está mal o que no estamos preparados para hacer tales cosas. Cosas que realmente nos ayudarían a superar los problemas. Esa actitud, creo yo, que es muy humana y muy válida, pues cada uno es como es, pero si partimos por tratar de consultar de forma humilde con el Amigo de Amigos, todo sería fabulósamente mejor.

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